Nº25 - diciembre 2013

Actividad o resultado

Business del bueno

tiempo 02:16 min

Dramatización: Business del bueno

En este vídeo vemos a un curioso personaje que parece estar encantado con la actividad por la actividad.

tiempo 02:53 min

Videocast

En este videocast se argumenta que es el resultado deseado lo que debe orientar la actividad.

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tiempo 03:40 min

Resumen

El principio de Parkinson dice que “la tarea se extiende hasta ocupar todo el tiempo disponible”.  Este principio tiene otras acepciones más populares como “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”  y expresiones similares.

¿Qué quiere esto decir? Sencillamente que, abandonados a nuestra propia suerte, nos centramos en la actividad hasta que ésta llena todo nuestro tiempo y drena toda nuestra energía. Que con la excusa de querer hacer la tarea perfectamente, que sea irreprochable, no acabamos de entregarla nunca.

Pero, ¿qué sentido tiene empezar algo si no es acabarlo? Cuando empecemos cualquier cosa nuestro primer objetivo tiene que ser terminar la tarea, para lo cual tengo que tener claro, antes de empezarla, qué pretendo conseguir,  y dar la tarea por concluida una vez lo he conseguido.

Pero la actividad es golosa, nos encontramos a gusto haciendo, sobre todo si hacemos dentro de nuestra área de especialización, de nuestra zona de confort. Entonces sentimos que dominamos el medio y quisiéramos no abandonarlo nunca, con lo que no entregamos. No nos pagan para pasarlo bien, nos pagan para entregar, sea lo que fuere, el cierre contable, el producto de la visita comercial (es decir, la venta) el informe de progreso, lo que fuere.

Cuando trabajamos en equipo, mientras estamos haciendo, es frecuente que haya miembros del equipo que propongan desviaciones del plan de trabajo, porque honestamente piensen que el nuevo camino es mejor, más eficaz o eficiente. O también que muestren un celo muy profesional persiguiendo hasta sus últimas consecuencias cualquier posible ramificación de las tareas programadas. Esto está bien, esté espíritu de colaboración y participación es muy meritorio, algo que alabar y denota una buena integración de los miembros del equipo, pero ¡cuidado! frecuentemente detrás de estas manifestaciones se vuelve a encerrar el temor a tener que entregar y poder ser criticado, aparece de nuevo el cerebro de lagarto que todos tenemos dentro y que quiere protegernos del peligro, como lo ha venido haciendo durante miles de años, y ayudarnos a sobrevivir.

Pero claro, sobrevivir y tener éxito no es la misma cosa. Puede que sobrevivan, durante un tiempo, los que no se exponen, los que tratan de encajar y permanecer ocultos en el sistema. Tienen éxito los que entregan.

Para asegurarnos que entregamos, bien sea cuando trabajamos individualmente o en equipo, tenemos que mantenernos focalizados en lo que pretendemos conseguir, esto concentrará nuestras energías y nos hará avanzar hacia el final, hacia la entrega. Para ayudar en esta focalización es un recurso muy útil preguntarnos, a nosotros mismos o a los miembros del equipo, cuando vemos que no estamos avanzando, una pregunta muy simple: ¿qué pretendo conseguir?

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