Nº78 - octubre 2018

Ser Productivo: Atención al resultado

Ser productivo: Orientado al resultado

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Orientado al resultado

En este vídeo nuestros dos colegas discuten la cuarta habilidad que hace de uno de ellos un profesional extraordinariamente productivo: Su orientación al resultado

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Ser productivo: Orientado al resultado

En este vídeo explicamos las dos vertientes de la orientación al resultado, por las que las personas que lo están son mucho más productivas que aquellas que sólo atienden a sus tareas o no compiten consigo mismos

Podcast

Resumen

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SER PRODUCTIVO: ATENCIÓN AL RESULTADO

 

Seguimos atentos a cómo nuestro estrafalario personaje explica a su colega (no menos peculiar) lo que él cree que son las claves de su extraordinaria eficacia. Y nos centramos ahora en la atención al resultado.

Esta habilidad de la gente altamente productiva tiene dos vertientes. En primer lugar, significa que los compromisos que se adquieren no son con las tareas sino con el resultado. En otras palabras, no nos comprometemos sólo a hacer algunas cosas, nos comprometemos a obtener determinados resultados. Pero, diréis, “es que habrá cosas que están fuera de mi control”. Por supuesto, el futuro no está escrito: Pueden pasar cosas imprevistas. Y frente a esas cosas que pueden suceder, está mi voluntad de entregar el resultado al que me he comprometido. Eso quiere decir que no vale con hacer lo planeado. Si el resultado no se produce al hacerlo, si estoy verdaderamente comprometido con el resultado, entonces haré lo necesario, planeado o no. En palabras de Yoda: “No lo intentes, hazlo”.

La segunda vertiente es la necesidad de adquirir compromisos retadores con nosotros mismos. ¿Por qué? ¿Por qué hacer más de lo que se me pide? Pues porque sólo nosotros sabemos hasta donde podemos llegar, dónde está la zona de control y dónde está la de crecimiento. La decisión de crecer es básica para cualquier buen profesional, no digamos ya para alguien que pretende una productividad extraordinaria. Como dice nuestro personaje, si se puede hacer, alguien lo hará, y sí no eres tú, llegarás a ser prescindible. Aunque es mejor que no sea esta amenaza la que nos motive (Hay que desconfiar de las motivaciones negativas, también llamadas “el palo”). Lo que nos motiva es crecer, lo que nos satisface es retarnos y superar los retos. Claro, que eso implica, a veces, el fracaso. Pero ya sabemos que el fracaso no es malo, ni debería dolernos más de lo necesario. El fracaso es una gran oportunidad de aprendizaje si lo que aprendemos no es a no intentarlo más, sino a no intentarlo más “de esta manera”.

Solo nosotros conocemos nuestro potencial y sólo comprometidos con nosotros mismos tenemos la ocasión de desarrollarlo al máximo.

 

 

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