Nº76 - junio 2018

Ser Productivo

Consistencia

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Ser productivo: Consistencia

En este vídeo, el segundo de una serie sobre los hábitos de las personas súper productivas nuestro personaje reconoce haber adoptado una serie de hábitos que el entrevistador llamará, conjuntamente, consistencia.

 

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Ser productivos: Consistencia

En este vídeo explicamos en qué consiste la consistencia, los hábitos que hay que adoptar, en particular adquirir compromisos, no procrastinar y negociar los tiempos siempre

Podcast

Resumen

SER PRODUCTIVO: CONSISTENCIA

Con la lección anterior iniciábamos una serie sobre los hábitos que hacen que algunas personas sean extraordinariamente productivas. El primer hábito que comentábamos es el de ir siempre más allá, de plantearse grandes retos profesionales. Hoy hablamos del segundo hábito de la gente súper eficaz: la consistencia.

En el vídeo nuestro pequeño héroe expone los componentes de eso que su interlocutor llama “consistencia”. Empezaré por el último, que es, en realidad el más relevante: el compromiso.

Es raro que en alguna de nuestros cursos no mencionemos esta palabra. Eso es así porque en nuestra opinión, la capacidad de adquirir compromisos es la base de la profesionalidad. ¿O no queremos todos compañeros, subordinados, jefes que y proveedores que cumplen sus compromisos sistemáticamente, una y otra vez? Hay compromiso cuando es tan claro como el agua lo que va a hacer y en que momento. Lo maravilloso de los compromisos cumplidos es que generan confianza. Y no hay nada más productivo que la confianza. Si hubiera confianza plena no existirían los controles, de ningún tipo. ¿Imagináis el coste social de la desconfianza? Controles de jefes a subordinados, de clientes a proveedores, controles de calidad, de tráfico, interventores, policías, revisores…

Para ser muy productivo hay que habituarse a adquirir compromisos y cumplirlos, sistemáticamente. Muchos necesitamos hacer públicos esos compromisos, adquirirlos con otros. A otros, como a nuestro personaje, les basta adquirirlos consigo mismos.

Es cierto, cuando adquirimos un compromiso adquirimos el riesgo de incumplir, porque se trata de un futurible, y el futuro no está escrito, pueden pasar cosas. Cierto, y, frente a lo que pueda ocurrir, a lo inesperado que nos hace trastabillar, está nuestra voluntad de cumplir, siempre nuestros compromisos.

En el vídeo se mencionan dos de esas cosas que pueden sucedernos y que nos impiden cumplir: La procrastinación y las interrupciones, sobre todo, las de los jefes.

El primer obstáculo está totalmente en nosotros, y como dice el personaje tiene una fácil solución. Fácil de decir: lo más duro al principio, cuando estamos cargados de energía. Nada de empezar con tareas rutinarias, y así voy calentando. Nada de un cafetito y luego me pongo. Lo duro, lo difícil al principio. Más fácil de decir que de hacer, y, si queremos ser productivos, es imprescindible.

Lo segundo puede parecer que no depende de nosotros. Sobre todo, en el caso de los jefes, entre cuyas potestades está, sin duda la de interrumpir lo que estamos haciendo y modificar nuestra agenda y prioridades. Y, frente a esta potestad, está nuestro hábito de negociar los tiempos siempre. Porque no hay cosa más improductiva que estar saltando de un asunto a otro sin concentración. O, al revés, no hay cosa más productiva que eso que nuestro personaje llama flujo, estar centrado en una tarea, con todos nuestros sentidos puestos en ella. ¿Recordáis haber experimentado esa sensación de flujo? ¿Cómo os sentíais? ¿Cómo fue el resultado de vuestro trabajo?

Cada vez que alguien, incluso, y sobre todo tu jefa, te interrumpa, negocia los tiempos. Di: De acuerdo puedo tenerlo para esta tarde, o mañana o la semana que viene. Y si te insisten en que tienes que dejarlo todo y hacerlo ya, di: De acuerdo, entonces, esto y aquello y lo de más allá se retrasarán hasta… Hazlo siempre, excepto que la nueva tarea lleve menos tiempo que esa negociación (O sea, dos minutos)

Así pues, para ser súper productivos, adquirimos el hábito del compromiso. Y para cumpliros con nuestros compromisos adquirimos los hábitos de negociar siempre los tiempos y de nunca procrastinar. Adquirimos en definitiva el hábito de ser consistentes, de hacer lo necesario para que todo el mundo sepa a qué atenerse con nosotros.

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