Nº54 - junio 2016

Las intenciones

No soy tu buzón de voz

tiempo 00:58 min

Dramatización: No soy tu buzón de voz

En este vídeo vemos una conversación entre colegas que se hace inmanejable cuando una de ellos atribuye malas intenciones al otro.

tiempo 03:15 min

Videocast

En este vídeo cast explicamos por qué las intenciones no son un buen material de interpelación y feedback, al contrario que los comportamientos, que es sobre lo que hay que incidir para que mejoren.

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Resumen

Lo que hemos visto en el vídeo, tal vez algo exagerado, es algo relativamente común en las relaciones profesionales, y en las personales… Una relación entre dos compañeros que se enturbia cuando uno de ellos atribuye al otro intenciones “malignas”.

Si os fijáis aquí el tema de fondo, el que provoca la agria discusión no está en si uno de ellos informó al otro, o si el otro se enteró de ello. Eso se podría objetivar, buscar testigos, comprobar si ese mail se envió o no…Incluso si no es posible aclararlo, se pueden analizar cómo han podido contribuir las partes a la confusión, adquirir compromisos por ambas partes para que en el futuro no vuelva a suceder. Si una parte informó a otra o no es un comportamiento. Y sobre comportamientos (sobre lo que hacemos, decimos, como lo hacemos o lo decimos, y sobre el resultado de nuestro trabajo), se puede trabajar. Son objetivos, visibles, y si no sabemos si se han producido o no, podemos hablar de lo que deberíamos hacer si se produjesen.

Sobre lo que es imposible trabajar es sobre las intenciones. La razón por la que uno de los personajes del vídeo está fuera de sí no es por si el otro le informó o no. Si alguien no nos informa puede molestarnos, pero no nos sacará de nuestras casillas. Lo que nos enfurece es pensar que la otra persona actúa con intenciones perversas. Pero lo cierto, como decimos a menudo a nuestros alumnos, es que las intenciones no se ven, no son hechos objetivos, no son contrastables. Las intenciones que atribuimos a los demás están en nuestra cabeza. No son material de trabajo, al contrario, son una bomba de relojería.

La conclusión es que debemos dejar de lado las intenciones cuando damos feedback, cuando nos interpelamos en los equipos, cuando afrontamos conversaciones difíciles y conflictos. Nunca, en ningún caso debemos abordar a otra persona atribuyéndole una intención que esa persona no haya manifestado inequívocamente.

En su lugar debemos centrarnos en los comportamientos, en que se ha hecho y dicho, y de qué modo, en si se entregó el trabajo a tiempo y con calidad aceptable, en si los compromisos se han cumplido. Este es material que se puede trabajar sin que los ánimos se exalten, con buenas probabilidades de seguir colaborando bien en el futuro. Y lo mejor es que es al abordar de frente los comportamientos de los miembros del equipo (lo que llamamos la interpelación) o de nuestros subordinados, podemos hacer que esos comportamientos mejoren día a día. Y la mejora en los comportamientos de las personas de una empresa lo que hace que la productividad de la misma aumente. Un magnífico objetivo.

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