Nº39 - marzo 2015

Negociar los tiempos límite

Encaje de bolillos

tiempo 02:21 min

Dramatización: Encaje de bolillos

En este vídeo vemos a un especialista negociar los tiempos límite con un jefe que pretende cambiar su agenda. Su objetivo es asegurarse que cumple con todos sus compromisos.

tiempo 03:09 min

Videocast

En este videocast explicamos por qué es necesario negociar los tiempos siempre si quieres se un gran profesional y ser reconocido como tal.

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Resumen

Un hábito a incorporar urgentemente, si es que no lo hemos hecho ya, es negociar los tiempos de ejecución siempre. Para cumplirlos después naturalmente, no para ignorarlos. ¿Por qué cuáles son las consecuencias de no hacerlo? La primera es evidente, si decimos que sí a todo vamos a incumplir con los plazos y probablemente también con la calidad que habíamos comprometido. Porque es difícil imaginar que nuestra agenda esté sólo al 70 u 80% a la espera de nuevas propuestas de trabajo. Por lo tanto no podremos cumplir, y al mismo tiempo la ansiedad por entregar hará que nuestro trabajo sea mediocre, como todo lo que se hace aprisa y corriendo, y con “nervios”.

La segunda consecuencia es que rápidamente nuestros jefes y colegas, y también nuestros subordinados nos identificarán como “interrumpibles”, ese tipo de persona siempre dispuesta a dejar a medias lo que lleva entre manos para abordar una nueva solicitud de atención.

Por eso negociar siempre los tiempos límite es le mejor antídoto contra los hábitos perniciosos de decir “Sí a todo” y contra las “interrupciones” provengan de donde provengan, incluso de los jefes, sobre todo si provienen de los jefes.

Puede que esto de negociar los tiempos con los jefes resulte contraintuitivo para algunas personas, que piensan que ante sus jefes su imagen mejora si siempre le dicen que sí. No es así, en primer lugar porque quien dice a veces que no demuestra asertividad y también compromiso, es decir, su auto exigencia de entregar en la calidad y fecha estipuladas. Además como ya hemos comentado, si decimos sí a todo nuestros promesas se incumplirán y eso no mejorará precisamente nuestra imagen ante la jefa.

Como se refleja en el vídeo que acabamos de ver las ventajas de negociar siempre los plazos de ejecución, y cumplirlos, son innumerables, entre ellas merece la pena citar:

  • Nuestra reputación de profesionalidad se ve enaltecida.
  • Nos ganamos la admiración de jefes y compañeros, porque entregamos sin que nada se interponga en el camino.
  • Adquirimos una aura de respetabilidad, de persona que hace cosas importantes constantemente.
  • Cuando hemos adquirido este aura, no se nos asignan cosas menores, lo que llamamos mal trabajo, aquel cuyo impacto es poco o ninguno, que se produce en toda organización como una lacra. De modo que empezamos a hacer trabajo más interesante, que significa trabajo que puede ayudarnos a progresar en nuestra carrera con mayor rapidez.

Seamos claros, todos los jefes del mundo están siempre buscando a quien asignar o en quien delegar cosas. Asignación y delegación son cosas distintas. Todos están buscando en su pantalla de radar gente sobre la que hacer recaer la tarea, y si el asunto es importante ¿qué criterio van a seguir para elegir la persona sobre la que delegar o asignar? Indudablemente el de la probabilidad de que el asunto se resuelva en tiempo y forma. Y si tú te has ganado la reputación de entregar cuando toca, resultado de tu compromiso, adquirido mediante la negociación del tiempo de ejecución, y lo haces bien, lo más probable es que te toque a ti. Con lo cual entras a formar parte de un círculo virtuoso en el que otros menos sagaces quisieran verse, que es el camino del progreso personal, a saber

  • Tareas cada vez más interesantes, trascendentes
  • Mayor confianza de los superiores
  • Encabezar la lista de promocionables

No todos los jefes son iguales. Con la jefa de tu jefe no se negocia, con ella, como dice la canción lo dejo todo y voy. Y le digo a mi jefe que un tren más rápido ha pedido prioridad de paso, lo que no le quedará más remedio que admitir y en el fondo, si es una persona normal e inteligente, se enorgullecerá de que alguien de su equipo haya alcanzado notoriedad en los escalones superiores, porque si algo caracteriza a los buenos jefes, a esos de los que ninguna empresa quiere deshacerse, es que estos jefes saben cómo construir equipos de gente eficaz.

Así pues negociemos los tiempos de ejecución siempre, y cumplámoslos, sobre todo con nuestros jefes inmediatos.

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